Vehuel

Ángeles y seres celestiales · Los 72 ángeles del Shem HaMephorash

Vehuel

Vehuel: El arquitecto del éxtasis vertical

El magnetismo de las alturas

Vehuel es el cuadragésimo noveno aliento, la fuerza del ascenso absoluto, el vector que arrastra lo bajo hacia lo alto con la velocidad de un rayo que retorna al cielo. Su naturaleza es la de la elevación espiritual, la grandeza de alma y el éxtasis místico. No es un ángel consolador que desciende a la fosa a llorar con el afligido; es el gigante de luz que introduce sus manos en el abismo, toma al alma caída por los hombros y la eleva por encima de las nubes para que contemple la inmensidad del universo. Su apariencia es deslumbrante, casi intolerable para los ojos no habituados a la pureza. Su cuerpo parece hecho de luz blanca azulada, la misma que emiten las estrellas más jóvenes y calientes del firmamento. El sonido de su movimiento es similar al de una gran cascada de agua cristalina o al de un coro de mil voces cantando al unísono una sola nota sostenida. Su presencia produce una intensa sensación de ingravidez, un vértigo sagrado que despoja al ser humano de todo peso material y de todo apego terrenal.

La transmutación del dolor en himno

La acción de Vehuel es de una belleza devastadora. Interviene especialmente en la vida de los artistas, los poetas, los místicos y todos aquellos que sufren por la estrechez del mundo físico. Cuando el dolor de la existencia amenaza con ahogar la creatividad o la fe de un individuo, Vehuel desciende como una ráfaga de viento solar. En un instante, transmuta la melancolía en inspiración sublime, la desesperación en un himno de alabanza y la soledad en una comunión directa con la mente de Dios. Es el protector de las grandes almas, de los líderes magnéticos que inspiran a las multitudes a buscar la justicia y la fraternidad, y de los creadores de templos, catedrales y sinfonías que intentan replicar la armonía del cielo en la tierra. Bajo su influencia, el pensamiento humano se ensancha de tal manera que las mezquindades de la vida cotidiana pierden toda importancia. Un hombre tocado por Vehuel se vuelve incapaz de albergar rencor, pues ha visto la magnificencia de la creación y sabe que cualquier agravio humano es insignificante frente a la eternidad.

El abismo de la luz ascendente

Invocar a Vehuel es abrir las compuertas a un torrente de entusiasmo divino. Su energía cura la depresión, disipa la apatía y devuelve el fuego del propósito a los corazones que se han enfriado. Él es la escalera invisible por la que el espíritu humano sube para tocar el trono del Altísimo, recordando a cada alma que su verdadero origen no está en el barro del que fue formada, sino en las estrellas de donde provienen las chispas de su conciencia.