Mitzrael

Ángeles y seres celestiales · Los 72 ángeles del Shem HaMephorash

Mitzrael

Mitzrael: el restaurador de los templos caídos

El sanador de los hilos invisibles

Cuando la mente humana se quiebra, cuando los muros de la psique se agrietan y las voces de la locura o el delirio asedian la conciencia, el universo no deja al hombre desamparado. En ese límite borroso donde la razón amenaza con disolverse, opera Mitzrael. Él es el gran sanador de los trastornos del alma, el tejedor que vuelve a unir los hilos invisibles de la mente que han sido desgarrados por el trauma, el dolor o la influencia de fuerzas hostiles. Su naturaleza es de una compasión severa pero infinitamente dulce. Mitzrael comprende la delicada arquitectura del espíritu humano; sabe cuán fácil es que la belleza de un pensamiento se distorsione hasta convertirse en una prisión. Por ello, su origen está ligado a la rectificación del orden interno, al retorno de la armonía a los vasos que han sido perturbados.

El rescate de la mente sitiada

El actuar de Mitzrael se siente como un viento fresco que disipa el humo de una habitación cerrada. Su intervención es buscada con desesperación por aquellos que se sienten perseguidos por sus propios pensamientos o por voluntades ajenas. Él tiene el poder de romper los lazos de la subyugación mental, de liberar a los que han sido sometidos por personalidades tiránicas o por corrientes de pensamiento sectarias. Cuando cura, Mitzrael no solo alivia el síntoma; baja hasta las profundidades del subconsciente para desenterrar la raíz del desorden. Bajo su influencia, los rebeldes encuentran un propósito noble para su fuego, los obedientes descubren la dignidad de su servicio y los fragmentados experimentan la lenta pero firme soldadura de su ser. Es el protector de los psicólogos, de los psiquiatras y de todos aquellos que descienden a los infiernos ajenos para rescatar la luz secuestrada.

La restitución de la vasija sagrada

La huella de Mitzrael es la de la reconstrucción. Su nombre ha sido pronunciado a lo largo de la historia en los hospitales, en los asilos y en las celdas donde los hombres buscaban recuperar la soberanía sobre sí mismos. Quien es tocado por su gracia experimenta una reconciliación profunda con su propia historia; las heridas del pasado dejan de sangrar para convertirse en cicatrices fuertes que testimonian una batalla ganada. Su legado es la paz que sobreviene cuando el templo de la mente, una vez derribado, vuelve a levantarse sobre cimientos de roca viva.