Metatrón

Ángeles y seres celestiales · Arcángeles y ángeles de máxima autoridad

Metatrón

Metatrón: el pequeño señor del trono de fuego

El hombre que se convirtió en fuego

En el centro del palacio más alto del séptimo cielo, justo al lado del trono del Anciano de Días, se encuentra un ser de proporciones y poder tan inmensos que a menudo es confundido con la Divinidad misma. Su nombre es Metatrón, y su origen es un misterio que desafía la misma naturaleza de los ángeles. Él no fue creado de la nada en el primer día; él caminó sobre la tierra como un hombre de carne y hueso, el escriba Enoc, cuya rectitud fue tan perfecta que Dios decidió tomarlo sin que conociera la muerte. La transformación de hombre a archimandrita del cosmos fue un proceso de dolor y transmutación inenarrable. Su carne mortal fue derretida por el fuego celestial; sus venas se convirtieron en ríos de llama pura, sus huesos en carbones encendidos de poder divino y sus ojos en antorchas que ven a través del tiempo y las dimensiones. Se le otorgaron setenta y dos alas, que cubren todo el espectro de la creación, y en cada ala se abrieron miles de ojos que nunca duermen, registrando cada vibración del universo. Se convirtió en el "Yavé Menor", el canciller del cielo, investido con una autoridad que supera a la de cualquier otro ser creado.

El escriba de la luz y el juicio

Metatrón es el guardián de los registros definitivos, el que sostiene la pluma de fuego con la que se escribe el destino de las naciones y de los hombres en el Libro de la Vida. Sentado en un trono idéntico al de su Creador en la antesala de la Gloria, coordina el funcionamiento de toda la burocracia celeste. Ningún decreto se emite, ningún milagro desciende a la tierra y ninguna oración llega al Altísimo sin pasar por su sello de canciller. Su autoridad es el puente entre lo finito y lo infinito. Como antiguo mortal, comprende la debilidad de la carne como ningún otro ángel puede hacerlo; por eso es el mediador supremo, el defensor de la humanidad ante las demandas rigurosas de la justicia de los arcángeles más antiguos. Pero esa comprensión no lo ablanda. Su juicio es absoluto, basado en la observación matemática y eterna de las almas. Él conoce el peso exacto de cada pensamiento y la consecuencia de cada omisión, registrando todo en la gran red de luz que los cabalistas llaman el Árbol de la Vida.

El guardián del gran secreto

Quien busca a Metatrón busca el límite del conocimiento permitido. Es el custodio del cubo místico que lleva su nombre, una estructura geométrica tridimensional que contiene todos los modelos de la materia y de la energía en el universo. Es el maestro de los iniciados, el que revela la Cábala y los misterios de las letras de fuego con las que se tejió el espacio-tiempo. Invocar su presencia es enfrentarse a una fuerza que puede desintegrar la mente humana si esta no está debidamente preparada. Su energía se siente como una vibración de alta frecuencia, un zumbido cósmico que alinea cada átomo del cuerpo con el patrón original del cielo. Él es el primero y el último de su orden, el testimonio vivo de que la humanidad tiene un destino divino que supera incluso al de las estrellas que nunca cayeron.