Habuhiah
Habuhiah: El aliento de la tierra herida
El sanador que camina descalzo
Allí donde la enfermedad pudre la carne o la sequía agrieta los campos, Habuhiah despliega sus alas de color verde musgo y tierra húmeda. Este ángel es la fuerza generadora que une la salud del cuerpo humano con la fertilidad del suelo que lo sostiene. Para Habuhiah, la piel de un enfermo y la costra de un desierto son la misma cosa: templos heridos que han olvidado cómo respirar. Su presencia no es celestial en el sentido etéreo de la palabra; es densa, física, huele a lluvia fresca sobre la hierba cortada y al calor que emana de los animales sanos en el establo. Su mano es la que guía la fuerza de la naturaleza hacia la herida abierta. Cuando un médico agota su ciencia y el cuerpo del paciente parece entregarse a la muerte, Habuhiah se arrodilla junto a la cama. No usa fórmulas mágicas: simplemente conecta el ritmo del corazón moribundo con el latido profundo de la tierra. Introduce en las venas del enfermo la savia de los árboles antiguos, la fuerza de las raíces que rompen la piedra para buscar el agua. Bajo su influjo, las fiebres bajan como las aguas desbordadas que vuelven a su cauce, y las células comienzan a reconstruirse con una prisa silenciosa y sagrada.
El señor de la cosecha y la siembra
Habuhiah gobierna la agricultura y todo lo que germina en la oscuridad del suelo. Es el protector de los que trabajan con las manos en la tierra, de los que plantan semillas esperando el milagro anual de la primavera. Cuando los campos son estériles debido a plagas o maldiciones de la codicia humana, la invocación de Habuhiah atrae nubes cargadas de un agua especial, un rocío cargado de éter que limpia la ponzoña del suelo y despierta a las semillas dormidas bajo el lodo. Su fuerza se manifiesta en la abundancia, pero no en la riqueza de oro y plata, sino en la plenitud de los graneros llenos, de los huertos cargados de fruta y de las mujeres que dan a luz con facilidad. Su energía es el útero de la creación en constante actividad, una corriente de vida tan poderosa que repele de forma natural la esterilidad de la mente y del cuerpo.
El pacto de la restauración
Quien se acoge al amparo de Habuhiah experimenta una profunda transformación física y mental. Él cura la esquizofrenia del hombre moderno, esa fractura que lo hace creerse separado de la naturaleza. Al sanar el cuerpo, Habuhiah sana también la mente, devolviéndole la simplicidad y la paz de los ciclos naturales. Quien camina bajo su gracia aprende que cada dolor tiene su invierno, pero también que no hay invierno que pueda resistirse al empuje de su primavera interna.