Belenus
Belenus: el resplandor que despierta a la tierra
La chispa sagrada del estío
Mucho antes de que el sol sea una esfera de fuego cegadora en el cielo del verano, su fuerza comienza como un tibio susurro que derrite las escarchas del invierno. Ese susurro, esa luz que sana y purifica, es el dominio de Belenus, el dios resplandeciente. Su nombre evoca el brillo del fuego de los sacrificios y la luz que todo lo aclara, y su culto se extendió con tal fuerza que desde las tierras altas de Escocia hasta el norte de Italia se encendían hogueras en su honor. Belenus es el dios del fuego sagrado, pero no del fuego destructor de los incendios forestales o de las forjas de la guerra, sino del fuego que purifica, que calienta el hogar y que expulsa a las pestes que medran en la oscuridad. Se lo representa como un joven radiante, coronado con rayos de luz solar que emergen de sus cabellos dorados, a menudo conduciendo un carro que arrastra el disco solar a través de la bóveda celeste.
Las hogueras de Beltane
El momento de mayor esplendor de Belenus ocurre durante la noche del primero de mayo, en la festividad de Beltane, que significa literalmente "el fuego de Bel". En esta fecha crucial, que marca el inicio de la mitad luminosa del año, los fuegos de todas las aldeas se apagaban por completo. Solo los druidas tenían el poder de encender el fuego nuevo mediante la fricción ritual de maderas sagradas en la cima de las colinas. De estas hogueras principales se encendían dos grandes hogueras gemelas. Los pastores conducían entonces a sus rebaños de ganado entre las columnas de humo para purificarlos y protegerlos de las enfermedades antes de llevarlos a los pastos de verano. Los hombres y mujeres jóvenes saltaban sobre las brasas moribundas para atraer la fertilidad, la buena fortuna y la salud. Belenus, a través de sus llamas, lavaba las manchas del invierno y renovaba el pacto de la comunidad con la vida.
Las aguas que curan y el canto del sol
A pesar de su naturaleza ígnea, Belenus posee una íntima conexión con el agua, específicamente con las fuentes termales y los manantiales minerales. Para los antiguos, las aguas calientes que brotaban del vientre de la tierra eran la prueba física de que el sol del dios seguía ardiendo en las profundidades de la roca incluso durante la noche. Los enfermos y tullidos peregrinaban a sus santuarios acuáticos, donde se sumergían en las piscinas sagradas esperando que la combinación del calor de Belenus y la pureza del agua obraran el milagro de la curación. Allí, bajo la sombra de los robles, los sacerdotes de Belenus componían himnos poéticos, pues el dios también gobernaba la música y la poesía lírica, artes que consideraban tan luminosas y medicinales para el alma como sus rayos solares lo eran para el cuerpo. Belenus permanece así en la memoria como el gran sanador, el dios que promete que, sin importar cuán larga y fría sea la noche, la luz siempre encontrará un camino para regresar y curar al mundo.